lunes, 5 de octubre de 2015

Supervivencia, coraje y valor. La fascinante historia del zarceño José María Tarifa Trinidad (1909-1995)

Resulta curioso pensar como a veces el azar juega con el investigador que en su búsqueda de datos concretos, encuentra en su camino una historia que a pesar del tiempo transcurrido no fue contada con detalle. Documentándome en registros y publicaciones sobre la Guerra Civil Española en los que buscaba información sobre un familiar, encontré sin embargo muchos otros datos y referencias de zarceños y zarceñas que vivieron y murieron durante ese dramático período de nuestra historia. Vidas de paisanos míos, que me interesaron y las cuales empecé a investigar. Una de esas vidas es la de José María Tarifa Trinidad y su increíble historia será la protagonista de este artículo.

Tengo que reconocer que me emocioné mucho la primera vez que leí la historia de los seis republicanos que se fugaron del Campo de Concentración de Castuera, y de los cuales, cuatro lograron llegar a Francia después de una larga huida de 79 días. Me sorprendió descubrir que uno de sus protagonistas era zarceño, sentí curiosidad y comencé a investigar sobre los acontecimientos que le iba a deparar el futuro. Me ilusioné tanto con su historia que pensé que había llegado el momento de escribir acerca de su increíble aventura de supervivencia y su afán continuo de  lucha por la libertad.

La Guerra Civil Española.

  José María Tarifa Trinidad nació en La Zarza el 20 de diciembre 1909 y creció en el seno de una familia de ocho hermanos (1). Con el tiempo, cuando tuvo edad para hacerlo, comenzó a trabajar como campesino en labores agrícolas y a sentirse identificado con los ideales republicanos. En julio de 1936, cuando se produjo el golpe de Estado que dio inicio a la Guerra Civil, José María, de carácter fuerte y decidido, se alistó en las Milicias Populares. El lugar para hacerlo era la Casa del Pueblo de La Zarza, localidad que durante los primeros meses del conflicto se mantuvo fiel a la República, y donde José María había participado de forma activa vinculado al partido socialista. La Zarza fue ocupada por el bando nacional el 11 de agosto, aunque ocho días más tarde tras una contraofensiva de fuerzas milicianas al mando del comunista Martínez Cartón volvió a quedaren poder gubernamental. Un mes más tarde, el 13 de septiembre de 1936, La Zarza fue de nuevo ocupada por las tropas franquistas de forma definitiva. En este contexto, José María abandonó La Zarza y pasó al lado republicano, presentándose voluntario el 25 de agosto de 1936. Cuando se reorganizó el Ejército Popular de la República se integró en la 91ª Brigada Mixta (2), en la compañía de ametralladoras del  Batallón 363, combatiendo y moviéndose durante los años que duró la contienda en la zona extremeña denominada como la “Bolsa de la Serena”, y por otras localidades fuera de la región. Sirvió como soldado de 2ª, pero durante la guerra llegó a ostentar el cargo de Teniente. El 30 de marzo de 1939, al finalizar la Guerra Civil, se presentó en Herrera del Duque donde fue detenido. Como a miles de soldados prisioneros del bando republicano, José María fue trasladado al Campo de Concentración de Castuera el 17 de junio del mismo año.
Campo de Concentración de Castuera en la actualidad. Restos del pedestal de la cruz y castillete de la bocamina de La Gamonita al fondo.

El Campo de Concentración de Castuera.
 
Este campo funcionó desde marzo de 1939 hasta su cierre en marzo de 1940 como espacio de internamiento, clasificación, reeducación y explotación laboral de los prisioneros de guerra, pero también como un lugar de represión comarcal. El Campo contaba con unos 80 barracones rodeados por una doble alambrada y un foso, y se calcula que por sus instalaciones  pasaron entre 15.000 y 20.000 prisioneros civiles y militares, entre los cuales también hubo otros zarceños, además de José María. 
Ficha clasificatoria de José María Tarifa en el campo de concentración de Castuera.
Los presos tuvieron que soportar durísimas condiciones de vida, además de estar sometidos a maltrato físico y psicológico. Algunos ejemplos eran las frecuentes palizas, los trabajos forzados y las “sacas” o “paseos” con las que grupos de falangistas encargados del campo eliminaban a los presos republicanos. Al igual que  la alimentación, siempre insuficiente, y la falta de higiene. El hacinamiento en los barracones permitió la proliferación de enfermedades como el tifus, la sarna o la viruela. A los prisioneros también se les forzaba a participar en actos civiles y religiosos que se celebraban delante de una gran cruz y una bandera, situadas dentro del campo, con el objetivo de someter y reeducar a los recluidos.

En el campo de Castuera José María coincidió con dos de sus hermanos Juan y José (3), que también estaban presos y fueron oficiales del ejército republicano. Algunos de sus familiares aún recuerdan con claridad las palabras que les dijo José María a sus hermanos cuando les manifestó su firme intención de fugarse:“Yo prefiero que me peguen un tiro antes que quedarme en este sitio, pero a mí me tienen que matar como a una liebre”. José y Juan no siguieron el camino de su joven hermano ya que en esos momentos ambos tenían mujer e hijos, y albergaban la esperanza de poder volver a reunirse pronto con ellos, algo que finalmente pudieron hacer al ser puestos en libertad tras pasar 2 y 10 años respectivamente en varias cárceles franquistas (4). Por su parte, José María estaba pendiente de ser juzgado. En el mes de julio el jefe del campo había comenzado a redactar informes negativos sobre su conducta y sus antecedentes, y el 19 de diciembre de 1939 la Auditoría de Guerra inició un procedimiento sumarísimo de urgencia contra él.
Croquis del campo de concentración de Castuera realizado en 1940.
Así, tras más de 6 meses de estancia en el Campo de Concentración, hastiado de la violencia física, la miseria extrema, el hambre y la incertidumbre sobre su futuro,  José María y otros cinco compañeros prisioneros ultimaron su plan de fuga. Descartaron la opción de escapar a Portugal porque repatriaba a los refugiados republicanos que cruzaban su frontera, por eso se decantaron por cruzar la francesa. Para orientarse durante el camino contaban por un lado con un libro de geografía escolar del cual trazaron una ruta, y cada uno  se quedó una copia del recorrido por si en algún momento tenían que separarse. Por otro lado también confiaban en la guía que les ofreciese la estrella Polar, las noches que el cielo estuviera despejado.

La huida y la larga marcha hacia Francia.

Será aprovechando la oscuridad, cuando la noche del 4 de enero de 1940 José María Tarifa Trinidad se fugue del campo de Concentración de Castuera con cinco compañeros: Albino Garrido San Juan de Tornadizos de Ávila, Silverio Naveso Marrupe de Castilblanco, Fulgencio Morcillo Pulido de Guareña, Miguel Fernández Talán de Villarta de los Montes y Gerónimo Morgado Galán de Calamonte.

Equipados con un macuto y una manta, franquearon la fosa, la alambrada, los centinelas que rodeaban el campo, y llegaron de madrugada a unos riscos cerca de Cabeza del Buey.  A partir de ese momento comenzaron una larga y peligrosa marcha campo a través, la mayor parte del tiempo de noche y casi todo el recorrido por tierras desconocidas hacia Francia. Conocemos los detalles y el itinerario de la ruta que siguieron los evadidos gracias a Albino Garrido, que era el más joven del grupo, y cuyo testimonio fue recogido en el  libro Una Larga marcha, publicado y traducido al español en el año 2013 por su hijo Luís, al que agradezco mucho su colaboración en la elaboración de este artículo. Tanto Luís Garrido como su padre Albino han mantenido siempre presente en su recuerdo a José María y sus compañeros de fuga.

Al poco tiempo de emprender la fuga, Miguel, que era el mayor del grupo, abandonó la huida sin decirles nada. Para saciar el hambre se vieron obligados en ocasiones a robar por necesidad extrema, como una vez que sustrajeron unos repollos de una huerta en la localidad de Agudo, unas palomas que consumieron crudas en la comarca de los Yébenes, o el pan a unos pastores y un par de corderos que asaron a la lumbre en la provincia de Zaragoza. A menudo tuvieron que aplacar la sed en las charcas para el ganado. Aunque también, recibieron ayuda en momentos puntuales de familiares de Silverio y conocidos de Albino, de pastores y de personas que no les denunciaron y les proporcionaron comida y alojamiento.

Tuvieron varios encontronazos importantes con la Guardia Civil que les seguía la pista, como el que ocurrió la noche del 4 de febrero de 1940 en la que mientras estaban cenando en la choza de unos pastores fueron sorprendidos por unos Guardias  Civiles. Alertados por los ladridos de los perros de los pastores tuvieron que salir corriendo a toda velocidad  mientras les disparaban. En otra ocasión, en los Montes Universales, una patrulla aprovechó la imprudencia de Gerónimo que se acercó a un leñador para pedirle tabaco, momento en que  los Guardias le dieron el alto y lo detuvieron. La huída se volvió más peligrosa aún por los continuos controles con los que se toparon, debido a que los Guardias habían encontrado la ruta establecida en Castuera por los fugados al registrar al compañero detenido.

Llegando a los Pirineos, en la estación de Canfrac, José María, al que Albino recuerda como muy atrevido y temerario, protagonizó una anécdota tras alcanzar la cima de una montaña que bien pudo costarle la vida. Cuando iniciaban el descenso por una ladera helada, el zarceño utilizó unos palos afilados para no resbalar, pero la dureza de la nieve hizo que los palos no se clavasen y José María cayó rodando a gran velocidad pendiente abajo. Tuvo suerte de no golpearse contra las rocas al caer en una zona llana, sus compañeros incluso pensaron que se había matado, por lo que se alegraron mucho cuando lo vieron ponerse de pié.

Itinerario aproximado seguido por los fugados a pié.
El 22 de marzo de 1940 el grupo de fugados se encontró en la cuneta de una carretera una señal que anunciaba: “Francia un kilómetro”. Llegaba a su fin de esta forma la odisea iniciada en Castuera 79 días atrás, en la que pasaron hambre y frío, y en la que atravesaron a pié las provincias de Ciudad Real, Toledo, Cuenca, Teruel, Zaragoza y Huesca. Ya casi podían saborear la libertad, pero todo esto fue tan sólo la primera parte de su fascinante  historia. El futuro en Francia se aventuraba incierto.

La llegada a Francia y el Campo de Gurs.

Cuando el zarceño José María Tarifa Trinidad y sus tres compañeros fugados del campo de concentración de Castuera, Albino Garrido, Silverio Naveso y Fulgencio Morcillo, finalmente lograron cruzar la frontera, se encontraron con una Francia inmersa en la Segunda Guerra Mundial. Un guardia francés los llevó a la Gendarmería de Urdós, y esa misma tarde los transladaron al campo de Gurs situado en el departamento de los Pirineos atlanticos, cerca de la frontera con España.
Vista aérea de cientos de barracones del Campo de concentración de Gurs.
Éste campo fue construido por el gobierno francés para acoger a los refugiados de la Guerra Civil, pero desde abril de 1939 quedó convertido en campo de concentración y tuvo que ampliarse por la masiva llegada de españoles. Las autoridades francesas del campo los interrogaron y les hicieron un reconocimiento médico. Después les ofrecieron pocas alternativas: alistarse en la Legión Extranjera, en un Regimiento de Marcha o regresar a España. Albino y Silverio no pasaron el reconocimiento, Albino fue trasladado al Campo de Argelès sur Mer y más adelante tuvo que ingresar en los Grupos de Trabajadores Extranjeros, y Silverio, pasado un tiempo, se integró en la Resistencia Francesa. Volver a España no era posible. Desde su huida del campo de Castuera estaban en busca y captura, además las diligencias del procedimiento contra José María seguían su curso en España, a través de numerosos informes e interrogatorios realizados a vecinos y familiares de La Zarza sobre su paradero, y declaraciones sobre su conducta, que llegaron a ser en algún caso algo contradictorias. Pero que finalmente desembocarían en la sentencia que lo acabaría condenando del delito de Rebelión Militar el 14 de octubre de 1941. También se investigó su verdadera identidad, ya que en el registro civil de La Zarza aparecía con el nombre de José Francisco Tarifa Trinidad, lo que llevó a una cierta confusión. Aparece en el auto de procesamiento la siguiente acusación hacia él:

“Izquierdista avanzado y militante del partido socialista y secretario de las juventudes socialistas. Hizo guardias con armas, siendo concejal del Ayuntamiento, interviniendo también en detenciones de personas de derecha. Según los informes y declaraciones fue propagandista y gran excitador de las ideas marxistas, además de espía de servicio rojo. Según los informes de la Guardia Civil fue Teniente del ejército rojo y su conducta había sido pésima”.

Pese a estas acusaciones también hay un testimonio del alcalde de La Zarza a 27 de junio de 1940 que en parte las contradice.
Informe del Alcalde de La Zarza en 1940 sobre la conducta de José María, nombrado en el documento como José Francisco. Archivo Histórico Militar del Ministerio de Defensa.
Fuera como fuese, lo que sí parece claro era que la vuelta a España era prácticamente imposible. De esta forma, Fulgencio y José María que sí superaron el reconocimiento médico, debieron pensar que no habían escapado de un campo de concentración y llegado hasta allí para acabar finalmente en otro. Así, obligados por las circunstancias, tuvieron que alistarse en la Legión como hicieron cientos de republicanos españoles para seguir luchando por la libertad, contra los fascistas alemanes e italianos que habían colaborado con Franco en España, y que ahora amenazaban Europa. El 10 de abril de 1940 José María y Fulgencio firmaron un enganche de cinco años en la Legión Extranjera, incorporándose el 27 de abril al Depósito Común de Regimientos Extranjeros (DCRE) y partiendo hacia Sidi-Bel-Abbès en Argelia.

La Legión Extranjera

Los dos fueron destinados en la 4ª Semi-Brigada de la Legión Extranjera Francesa (4ª DBLE) el 1 de noviembre de 1940. El 25 de agosto de 1941 embarcaron en Casablanca con destino a Dakar donde desembarcaron el 1 de septiembre, y al día siguiente fueron trasladados con su unidad hasta San Luis de Senegal. 
Dos compañías de la 4ª DBLE desfilando en Saint Louis de Senegal en marzo de 1942.
Desde finales de 1942, Fulgencio y José María participaron con su unidad la 4ª DBLE y con el 1º Regimiento Extranjero de Infantería Motorizada más adelante en la campaña de Túnez. Allí combatieron junto con tropas aliadas compuestas por fuerzas norteamericanas, británicas, contingentes polacos y griegos contra  las tropas italianas y los alemanes del Afrika Korps de Rommel, el “Zorro del desierto”. Estos finalmente fueron superados tácticamente, en hombres y en potencia de fuego por lo que esta campaña acabó con la resistencia del Eje (italianos y alemanes) en África. La rendición se produjo en mayo de 1943 e impulsó la fe en la victoria por parte de los aliados. La unidad de José María se destacó particularmente en la batalla de Djebel Zaghouan. Al final de la campaña volvieron a Sidi-Bel-Abbès.
 Legionarios del 1er REIM durante la batalla de Djebel Zaghouan, en mayo de 1943. 
Un mes más tarde, el 6 de julio de 1943, como otros muchos republicanos españoles, José María Tarifa Trinidad se fugó de la Legión Extranjera para alistarse con las tropas del general Leclerc y de la “Francia Libre”. Por su parte, Fulgencio permaneció en la Legión Extranjera hasta 1945. De este modo se separaban dos compañeros que habían estado unidos desde aquel enero de 1940 cuando se fugaron del Campo de Concentración de Castuera. Como muchos desertores de la Legión Francesa José María se alistó voluntario con un nombre falso.

La Nueve y la liberación de París

Integrada en la 2ª División Blindada (2ªDB), la 9ª Compañía del Tercer Batallón del Regimiento de Marcha del Chad, fue conocida como “La Nueve” porque estaba compuesta casi exclusivamente por republicanos españoles. De los 160 soldados que formaban “La Nueve”, 146 eran españoles, y entre ellos se encontraba José María integrado en la 2ª Sección de Combate. Procedían de todas las regiones de España, la mayoría habían luchado en el ejército republicano o en las milicias populares durante la Guerra Civil y todos tenían experiencia en combate. Eran voluntarios anarquistas, republicanos moderados y  socialistas. Todos ellos antifranquistas, antifascistas y antinazis.

En septiembre de 1943 la 2ªDB, comandada por el general francés Phillippe Leclerc, se trasladó en tren desde el campamento de Didjelli en Argelia al fuerte marroquí de Bordj Skirat, situado entre Casablanca y Rabat. Un mes más tarde, en Casablanca, tomaron posesión del material y armamento procedente de los Estados Unidos. Después de un mes de aprendizaje básico, volvieron a Bordj Skirat, donde permanecieron hasta la primavera de 1944 realizando una intensa instrucción para familiarizarse con los nuevos vehículos y las tácticas militares de los americanos, convirtiéndose en una unidad de infantería mecanizada. Ahora, por fin, los españoles sentían que estaban en igualdad de condiciones con sus enemigos. En la localidad marroquí de Temara bautizaron a sus Half-Tracks (vehículos Semi-Oruga) con nombres españoles como: Madrid, Brunete, Guadalajara, Guernica, Ebro, Teruel, “Don Quijote” o “España Cañí”. El mando de la 2ªDB terminó aceptando, incluso, que los españoles llevasen una insignia con los colores de la bandera republicana.

A finales de mayo de 1944 la “División Leclerc” con la 9ª Compañía embarcó en Casablanca rumbo hacia Inglaterra, donde hicieron escala durante dos meses, antes de partir a Francia desde el puerto de Southampton. A primeros de agosto de 1944 José María desembarca en Normandía con “La Nueve” en la playa francesa de la Madeleine. A partir de ese momento se agruparon en el Tercer Ejército Estadounidense de uno de los militares más carismáticos de la Segunda Guerra Mundial, el general George Patton. No obstante la 2ªDB recibió una orden del general De Gaulle instando a Leclerc a que entrara el primero en París, antes que los americanos. Avanzaron hacia Le Mans, liberaron la localidad de Alençon y se dirigieron a Écouché. En esta localidad, José María y sus compañeros de “La Nueve” combatieron durante seis días en primera línea de fuego. Tras la liberación de Ecouché,  el 23 de agosto, unos 4.000 vehículos recorren 250km en un clima de euforia hasta que son bloqueados a 15km de París por una defensa alemana. Esa misma tarde, el general Leclerc ordenó al capitán de “La Nueve”, Raymond Dronne, que se adelantara con una avanzadilla y entrase en París urgentemente. La 2ª y 3ª Sección de Combate parten con una docena de Half-Tracks cargados con un centenar de españoles. Bajo las órdenes del sargento Francisco Callero, el zarceño José María Tarifa Trinidad estaba integrado en la dotación del Half-Track “España Cañí”.
“La Nueve” camino de París. José María a la izquierda con el casco, gafas protectoras al cuello y el fusil al hombro. Cedida por la A.H.C.C. “La Nueve”.
José María sobre el “España Cañí” tras la liberación de Paris en 1944. Cedida por Nathalie Tarifa. 
Al anochecer del 24 de agosto de 1944, abriendo el camino para su liberación, los integrantes de “La Nueve” fueron los primeros en entrar en París. Liberaron el Ayuntamiento y la Plaza de la Concordia y consiguieron la rendición del General Alemán Dietrich Von Choltitz. El día 25 de agosto, el grueso de la 2ªDB entró en París. Al día siguiente tuvo lugar una impresionante manifestación en la que el general De Gaulle escenificó su gran momento histórico descendiendo por los Campos Elíseos y caminando hasta la catedral de Nôtre Dame. El honor de escoltar el cortejo correspondió a “La Nueve” por haber sido la primera unidad militar en entrar en la capital francesa. El zarceño fue protagonista en ese momento histórico desfilando sobre el “España Cañí”.
El Half-Track “España Cañí”, en cuya dotación estaba José María, desfilando en los Campos Elíseos en 1944.

Operación Reconquista de España

Sin embargo, desde antes de la liberación de París entre algunos de los españoles que formaban “La Nueve” ya rondaba la idea de que los aliados no colaborarían con ellos en su deseo de liberar España y restaurar la República. Un deseo que habían albergado durante todo este tiempo. Por este motivo, una vez que París fue liberada, algunos pensaron que era el momento de regresar a España. En este contexto, José María Tarifa Trinidad desertó de “La Nueve” para contactar con las agrupaciones de guerrilleros de la Unión Nacional Española (U.N.E.) que operaban en el mediodía francés, colaborando con la resistencia francesa. A partir de ese momento José María usó el alias de “Justo González Rodríguez”, nombre con el que se alistó como voluntario (5).

José María estuvo integrado en el 5º Batallón de la 17 Región Militar desde el 9 de octubre de 1944. Del 19 al 24 de octubre, el zarceño participó en el fracasado intento del Valle de Arán (Lleida) en la operación denominada “Reconquista de España” y que pretendía provocar un levantamiento popular contra la dictadura de Franco mediante el ataque de un grupo de guerrilleros españoles. Después del fallido intento y ya de nuevo en Francia, José María continuó sirviendo en la misma unidad hasta el 31 de marzo de 1945.

Francia y el regreso a La Zarza

Al finalizar su actividad guerrillera, José María Tarifa se establece definitivamente en la localidad francesa de Sisteron, donde trabajó y formó familia. En 1951 fue detenido por su deserción de La Legión Extranjera en 1943, al presentarse en el Registro Civil para inscribir los apellidos españoles de su hijo, fue condenado a cumplir el resto del enganche que firmó en el Campo de Gurs al llegar a Francia. Estuvo destinado en Argelia durante casi dos años hasta que fue liberado de la Legión definitivamente en 1953.
Tarifa, en el centro, con compañeros de la Legión Extranjera en Orán  en 1952. Cedida por Nathalie Tarifa.
En Francia José María pudo reencontrarse con sus hermanos Juan y José, además de otros familiares y zarceños emigrantes a los que acogió y ayudó a conseguir trabajo. Su hijo, François Tarifa recuerda como José María mantuvo en el exilio siempre presente el recuerdo de su pueblo: “Mi padre siempre decía que cuando Franco muriese regresaría a La Zarza”. Y así lo hizo. En 1976, tras la muerte del dictador, sus familiares prepararon los papeles necesarios para que pudiera retornar a España (6). De esta forma el zarceño regresó ilusionado a su pueblo natal 40 años después de verse obligado a emprender su increíble aventura. Una aventura que le llevó desde La Zarza a Francia, pasando por Argelia, Senegal, Túnez, Marruecos e Inglaterra. No fue sólo un largo recorrido que acabó en Francia, sino una tremenda experiencia vital de supervivencia, coraje y valor, que convirtió a José María Tarifa Trinidad en un ejemplo más del empeño incansable que tuvieron muchos republicanos españoles, en su lucha personal por la libertad y contra el fascismo.
 Placa conmemorativa dedicada a los republicanos españoles que liberaron París, inaugurada el año 2004.
 
NOTAS:
          (1) Los padres de José María eran Francisco Tarifa y María Antonia Trinidad ambos naturales de La Zarza. Sus hermanas eran Josefa, Ángela, María y Teresa. Sus tres hermanos eran José, Juan y Álvaro. Este último, Álvaro Tarifa Trinidad, tras la ocupación de La Zarza se echó al monte y fue víctima de la represión franquista en el puerto de “Las Hoyas” donde falleció a los 32 años el 1 de mayo de 1938.

      (2) La 91ª Brigada Mixta se creó en marzo de 1937 con los restos de la 20ª Brigada Mixta (dos batallones de Castuera y uno de Milicias extremeñas). A la 91ª BM se le adjudicaron los batallones "Extremadura» 1 y 2 y dos batallones formados en Campanario. La 91ª Brigada Mixta estuvo compuesta por los batallones Nº 361, 362, el 363, en el que se encontraba José María, y el 364. La Brigada se integró en la 37 División del VII Cuerpo de Ejército, que también integraba a la división 41, en la que se encontraba  Albino Garrido, y la 68. La 91ª Brigada Mixta permaneció durante toda la guerra en el frente Sur, comenzando su actuación en el asedio al Santuario de Santa María de la Cabeza, de donde fue retirada para cubrir el frente pasivo del abortado "Plan P". Al iniciarse las operaciones nacionales para la liquidación de la bolsa de La Serena, la 91ª BM se hallaba cubriendo el frente en las alturas delante de Peraleda de Zaucejo, Cerro del Risco, Sierra Lengua, Vértice Castillejo y Loma Sancha.  El 20 de julio de 1938, defendía el frente Sur de la bolsa, en Guareña, y después de concentrarse en La Coronada, intentó reconquistar Castuera el día 23. Al día siguiente la 91ª BM quedó rodeada en la bolsa y deshecha. Ya no volvió a intervenir en ninguna acción bélica posterior. José y Juan Tarifa Trinidad, también estuvieron integrados en la 91ª Brigada Mixta. Juan fue dinamitero y alcanzo el grado de sargento, por su parte José ascendió hasta Teniente. Otros zarceños integrados en esta Brigada Mixta fueron Martín Espinosa Rodríguez y Francisco Recio Blazquez, los cuales fueron capturados por la 21 División franquista durante las operaciones del cierre de la bolsa de La Serena entre el 20 y 31 de julio de 1938.
 
     (3) Durante su estancia en el Campo de Concentración de Castuera los tres hermanos Tarifa Trinidad, recibieron cierta ayuda de un zarceño que estaba de guardia en el Campo. Su nombre era Pedro Bravo Espinosa, apodado “Chocolate”, nacido en La Zarza el 29/ 4/ 1919  y que, a pesar de las fuertes rivalidades generadas entre el bando de los vencedores y los vencidos tras la Guerra, trató de ayudar en la medida de lo posible a los tres hermanos presos en Castuera, que eran vecinos y conocidos de La Zarza. Según los testimonios de algunos familiares cuando la abuela y la madre iban a visitarlos a Castuera para tratar de llevarles algo de comida, Pedro facilitó que pudieran verse y reunirse con ellos. La difícil situación en la que se encontraban en Castuera hacía que cualquier pequeño gesto como éste supusiera una inestimable ayuda. Por otro lado, cuando José María se fugó, se generó una cierta confusión sobre la identidad del fugado, ya que en el primer telegrama  en el que se notificaba la evasión se nombra a José en lugar de a José María. Pedro Bravo conocía la verdadera identidad del zarceño fugado pero no dio parte de ello. Más adelante, tras las pesquisas  realizadas en el Registro Civil de La Zarza, las autoridades franquistas descubrieron que la verdadera identidad del fugado era la de José María.
Pedro Bravo Espinosa
(4) Sus dos hermanos ingresaron en la cárcel municipal de Castuera  el  13 de noviembre de 1939, procedentes del campo de Concentración. El 16 de enero de 1940 los dos fueron trasladados a la prisión de Puebla de Alcocer. Más adelante, el 17 de marzo de 1940, José fue trasladado a la prisión de Almendralejo. El 13 de julio del mismo año fue evacuado a la prisión de Mérida. José fue puesto en libertad el 3 de abril de 1941. Por su parte Juan fue trasladado a la prisión de Almendralejo presumiblemente antes del 29 de marzo de 1941, día en que se celebró el consejo de guerra. El 21 de mayo de 1941 fue condenado y trasladado a la prisión de Burgos y posteriormente a la prisión de Oviedo. Este tipo de castigo fue denominado “turismo carcelario”, pretendía alejar al afectado de sus familiares y aislar al recluso, eliminando toda posibilidad de encontrar conocidos entre los presos y que formasen redes clandestinas políticas entre ellos.  Juan fue puesto en libertad en 1949.

(5) Otra víctima de la represión  en La Zarza fue Justo González Monge, que era cuñado de José María y fue asesinado el 12 de octubre de 1936 a los 43 años. Curiosamente el nombre y el primer apellido de su cuñado coinciden con el “alias” que usó José María cuando se alistó voluntario durante su etapa de guerrillero antifascista en Francia. 

(6) José María regresó a La Zarza en 1976. Volvería a hacerlo una segunda vez a finales de la década de los 70, antes su fallecimiento en Francia en 1995. En 1979 mientras estaba en La Zarza asistió al primer congreso del Partido Socialista celebrado en La Zarza tras la dictadura. Al salir del mismo, José María afirmó algo desencantado: “El socialismo de ahora ya no es como el socialismo de antes”.

DOCUMENTALES RELACIONADOS:

video
- Documental: La pesadilla de Castuera. En el vídeo aparecen testimonios de Albino Garrido, compañero de fuga de José María, sobre el campo de concentración de Castuera.

BIBLIOGRAFÍA:

- Díaz Díaz, Benito (2011): “La represión franquista como generadora del fenómeno de los huidos en Extremadura”, en Revista de Estudios Extremeños, Tomo LXVII, Nº II, pp. 909-935
- Engel Masoliver, Carlos (1999): Historia de las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República, Almena Ediciones.
- Garrido San Juan, Albino (2013): Una larga marcha. De la represión franquista a los campos de refugiados en Francia, Milenio Publicaciones, Lleida, pp.75-105.
- Hinojosa Durán, José (2009): Tropas en un frente olvidado. El ejército republicano en Extremadura durante la Guerra Civil, Ed. Regional de Extremadura, Mérida, p.535.
- López Rodríguez, Antonio (2009): Cruz, Bandera y Caudillo. El Campo de Concentración de Castuera, CEDER-La Serena, Badajoz, pp. 183-319
- Martín Bastos, Javier (2013): Perdidas de vidas humanas a consecuencia de las prácticas regresivas franquistas en la provincia de Badajoz (1936-1950). Tesis Doctoral. Universidad de Extremadura.pp 348-350.
- Mesquida, Evelyn (2014): La Nueve. Los Españoles que liberaron París, Ediciones B.
- Testimonios orales de familiares de José María Tarifa Trinidad recogidos en La Zarza (29-3-2015) y documentación referente a los expedientes judiciales y sus cartillas militares de Francia.

PEDRO DAVID BENÍTEZ ROMERO. 

Una versión más reducida se publicó en el diario Hoy La Zarza en dos partes:
Supervivencia, coraje y valor. La marcha de un zarceño hacia la libertad. Parte I (1909-1940) 
Supervivencia, coraje y valor. La lucha de un zarceño por la libertad. Parte II (1940-1976)